domingo, 2 de septiembre de 2012

Soy un cohete: Kabum.


A veces no puedo evitar sentirme como un cohete, avanzando a gran velocidad hacia el objetivo. Al no ser un cohete de ultimísima generación, no voy en perfecta línea recta, sino que me voy bamboleando en el camino, dejando tras de mí una estela de humo.

Y mientras avanzo, con toda la confianza que puso en mí quienquiera que me disparó, y quienquiera que desee que impacte en el objetivo, no puedo evitar pensar. 

Pensar en qué pasará cuando llegue. 

¿Fallaré en el impacto, causando daños a alguien? ¿Explotaré antes en una sucia detonación? 

¿Soy acaso un cohete agresivo, creado para destruir? ¿O soy un cohete de fuegos artificiales, creado para generar luz, aplausos y puede que algún achuchón mientras nadie más mira? ¿O, quizá, soy un cohete espacial, que no voy a explotar, sino a llegar lo más alto posible, a la luna quizá?

No sé si estoy relleno de explosivos militares, de sales metálicas de colores, o de sueños de altitud y conocimiento. El día que llegue a mi objetivo lo sabré, supongo.